El sector inmobiliario emplea desde hace años una serie de certificaciones de sostenibilidad, calidad y eficiencia energética para catalogar el parque inmobiliario y destacar los edificios mejor valorados.
Poder catalogar las carteras de edificios según sus credenciales “verdes” es muy útil a la hora de posicionarlos mejor en el mercado de venta y alquiler, así como para atraer inversión. Estos certificados tienen un carácter voluntario, pero otorgan una reputación y un valor añadido a tus edificios y a tu organización.
Además, en el contexto de concienciación por el respeto al medio ambiente y de reducción de emisiones, los profesionales inmobiliarios no pueden quedarse a un lado. Los edificios requieren mucha energía y contribuyen a la emisión de gases contaminantes, por lo que cada vez es más importante medir, analizar y controlar esta información.
Con estos objetivos, existen diversas certificaciones internacionales que establecen marcos comparativos en el sector inmobiliario y real estate. Las principales son las BREEAM, LEED y WELL, aunque también existe en España la certificación Verde.
En artículos previos hemos hablado de estas certificaciones de sostenibilidad en edificación. Ya las hemos definido y explicado su origen, pero en esta ocasión nos centramos en los aspectos energéticos de cada una, para que puedas focalizarte en ellos cuando des el paso hacia la certificación.
En este artículo profundizamos sobre los requisitos energéticos de estas certificaciones de sostenibilidad. Analizamos una por una las certificaciones y el peso de la gestión energética en el resultado.




